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Mi hijo pequeño ha tenido juegos sexuales con otro menor. Y ahora, ¿qué hago?

No son pocas las dudas que les surgen a los padres cuando tienen conocimiento de que su hijo se toca sus zonas íntimas o ha compartido algún juego sexual con otro menor. Es muy normal que muchos padres se intranquilicen ante ello y se hagan preguntas como: ¿es normal?, ¿qué puedo hacer?, ¿he de regañar o castigar a mi hijo?, entre otras.

 

Si bien es cierto, la respuesta a estos interrogantes va a depender de múltiples factores involucrados en cada caso, pero todos comparten una misma condición: tener o compartir juegos sexuales es normal cuando los menores tienen una edad similar y hay libertad de acción en el juego, no han sido obligados a hacerlo.

 

De este modo, es recomendable que los padres estén informados en el caso en que perciban que su hijo ha tenido alguna conducta sexual. Disponer de la información adecuada nos ayuda a actuar de la forma más óptima una vez llegado el momento con la finalidad de ofrecer a nuestros hijos una tan necesaria educación que favorezca de forma saludable su desarrollo sexual, emocional y afectivo.

 

Los menores también tienen una sexualidad propia y durante su desarrollo van a empezar a sentir curiosidad sobre su sexo. Desde muy pequeños pueden llegar a tocar sus zonas íntimas o querer compartir juegos con otros menores. Ellos también se excitan y sienten placer cuando se tocan. La sexualidad no es una condición única que surja a partir de la pubertad, tiene sus inicios en los primeros años de la vida y pueden mostrarse conductas explícitas en la etapa infantil, generalmente a partir de los 4 años de edad. Muchas veces el propio contexto escolar propicia la aparición de dichas conductas sexuales, cuando entre los pequeños se muestran entre sí sus zonas íntimas o incluso llegan a tocárselas. Otras ocasiones estos comportamientos pueden llegar a darse en el propio contexto familiar, entre hermanos o primos, lo cual tampoco comprende unas condiciones que pudieran estar sujetas a crear una alarma.

 

 

¿Qué debo hacer si pillo in fraganti a mi hijo teniendo juegos sexuales con otro menor?

 

 

Hay veces que uno de los padres puede verse sorprendido porque ha pillado a su hijo teniendo algún juego sexual con otro menor. Ante esta situación sería recomendable:

 

  • Tranquilizarse y no alarmarse. Debido a que la conducta es completamente normal, no deberíamos crear alarma donde no la hay. Si queremos educar a nuestro hijo en una sexualidad sana, sería recomendable hablarle con naturalidad sobre lo sucedido. Es adecuado interrumpir el juego y decirles a los menores, en el caso de que tengan alguna zona al desnudo, que se cubran o se vistan porque, por ejemplo, podrían resfriarse. También sería oportuno decirles que lo que están haciendo forma parte de la intimidad de las personas y que cualquier otra podría verles, y que eso no estaría bien, lo mismo que un adulto se urga la nariz y lo hace en privado.
  • Preguntarles sobre el juego. También sería recomendable que el adulto optara por tener mayor información sobre lo sucedido. De esta forma, podría hacerles preguntas a ambos menores, tales como: ¿a qué estábais jugando?, ¿cómo era el juego?, etc. Esta información nos ayudará a conocer si alguno de ellos no quería jugar al mismo tiempo que intentamos normalizar la situación. Pese a ello, no sería extraño que alguno de los menores muestre cierta vergüenza, dependiendo también de la edad que tenga y de su desarrollo madurativo. Ante esta situación, lo adecuado es hablar con normalidad siendo consecuente con ello, por lo que no deberíamos mostrar nerviosismo ni regañarles o castigarles.
  • Educarles en sexualidad. Mientras se conversa con los menores es adecuado hacerles saber que sus zonas forman parte de su intimidad y que es algo privado, que no se enseñan lo mismo que papá y mamá no van enseñando sus partes íntimas a los demás. Se puede poner como ejemplo cuando uno va al baño y/o se quiere duchar y cierra la puerta para que nadie entre y sea visto desnudo.
  • Informar a los padres del otro menor. Una vez finalicemos nuestra conversación con los menores, lo adecuado es hacer partícipe a los padres del otro menor, haciéndoles saber de lo que hemos visto, de cómo hemos actuado en un primer momento, de las explicaciones dadas por ellos y de cómo hemos procedido ante ello.

 

¿Qué debo hacer si mi hijo me cuenta que ha tenido algún juego sexual con otro menor en la escuela?

 

Teniendo en cuenta todas las pautas ofrecidas en el apartado anterior, ante esta situación bastante usual, los padres podríamos actuar en base a los siguientes pasos:

 

  • Tranquilizarse y no alarmarse. Comunicarse con tranquilidad y hablar del tema con naturalidad, sin gritarle, regañarle o castigarle.
  • Preguntarle sobre el juego. En este caso es importante conocer en qué ha consistido ese juego y si él quería jugar a ello. Es muy relevante tener en cuenta también la diferencia en edad con el otro menor para descartar un posible abuso por su parte. También hay que estar atento de que el comportamiento que se haya dado no sea una conducta propia de un adulto que ha podido ejercer abuso sobre uno de los menores.
  • Educarle en su sexualidad. Decirle que nuestro sexo es algo íntimo y que no tiene que ir mostrándose a los demás, que forma parte de nuestra privacidad. Es útil ponerle ejemplos con lo que hacemos los adultos a la hora de mantener esa privacidad.
  • Comunicar lo sucedido a su maestro/a tutor/a de la escuela. Es importante que el docente tenga conocimiento de lo sucedido e informe a los padres del otro menor.

 

¿Cuándo he de alarmarme ante el juego sexual de mi hijo con otro menor?

 

Hay circunstancias que nos indican que los juegos sexuales entre menores han de crearnos cierta alarma y que, por tanto, debemos de actuar. No obstante, siempre debemos de proceder manteniendo la calma ante la presencia de nuestros hijos y las preguntas que les hagamos:

  • Cuando hay una diferencia en edad importante entre los menores. En tal caso, sería preciso atender a esa diferencia de edad, el tipo de juego, la libertad que nuestro hijo ha tenido para actuar, y tomar siempre medidas en base a ello.
  • Cuando el tipo de juego comprendía conductas que ponían en riesgo la salud del menor. A veces pueden darse conductas donde uno de los menores introduce un objeto al otro en ese juego. Es necesario hacerles comprender a los menores que esas conductas no pueden hacerlas porque se pueden hacer daño.
  • Cuando el juego estaba basado en conductas propias de adultos. Ante ello es necesario conocer más sobre lo sucedido, hablar con los padres del otro menor e indagar sobre cuál ha podido ser la causa.

 

 

De este modo, la sexualidad de nuestros hijos puede aflorar en cualquier momento, a veces a través de conductas privadas y otras con comportamientos más explícitos. Ellos transmiten su curiosidad explorando su cuerpo y compartiéndolo con otros de sus iguales. Así pues, los mayores tenemos la responsabilidad de educarles en una sexualidad sana, de fomentar su intimidad, su privacidad y el respeto hacia el otro, a través de una comunicación abierta y la transmisión de confianza donde prime la comprensión a la hora de abordar sus necesidades e inquietudes. Ello lo podremos conseguir una vez hayamos comprendido y actuado según una principal premisa: somos modelos a seguir de nuestros hijos y nuestro comportamiento y la educación que les transmitamos influirán en el plano social, afectivo y emocional del desarrollo de su sexualidad en la adultez.

 

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